jueves, 24 de mayo de 2012

Primer Viaje Mochilero .....> Cataratas! (01/2010)


I - RECONQUISTA

            El despertador del celular sonó a las 5 hs de la madrugada del lunes pero termine levantándome a las 6:30. Llamé a Ariel y dispusimos los detalles que quedaban.   Mientras hacíamos eso, caímos en la cuenta de que nuestro vecino de enfrente salía esa misma mañana hacia Esperanza porque trabaja allá.
            Despedimos a la familia y nos subimos al coche que nos acerco hasta el cruce de la ruta 70 con la ruta que va hacia el balneario de Esperanza. Allí nos cargo un loco en una Hilux, productor agropecuario, estudiante de Agronomía, que después de preguntarle a Ariel que estudiaba (Lic. en Matemáticas), se paso el resto del viaje diciéndonos cuanto odiaba las matemáticas.
            Nos dejó en San Justo donde hicimos dedo más de 2 hs en la salida de una YPF y nadie nos levantaba. Se hizo el mediodía y el sol empezaba a quemar demasiado. Cuando nos decidimos a ponernos a resguardo del sol en el full de la estación, se presento una camioneta de fletes a cargar combustible y después de convencer al conductor, nos cargó diciéndonos que iba hasta Calchaquí.10 Km antes de llegar a la ciudad, tomo un camino rural y nos dejo a nuestra suerte en el cruce con la ruta.
            Era la hora de la siesta, el sol brillaba en todo su esplendor y nosotros lo chupábamos al máximo.
            Comenzamos a caminar en dirección al poblado, “dedeando” a todo el que pasaba, aun habiendo asumido que no nos levantaría nadie.
            De pronto, una Kangoo paro en la banquina unos 500 mts mas adelante de donde estábamos y el conductor nos hizo señas para que la alcanzáramos. Que alegría!
            Era un muchacho de unos 35 años. Viajaba hacia Brasil vendiendo electrónica para el agro. Nos contó que cuando niño vivía en Reconquista cerca de la casa de Gabriel Batistutta y que jugaba a la pelota con el. Nos señalo los campos de polo que tiene este sobre la ruta y nos dijo que se lo solía ver en ocasiones cortando el césped en tractorcito. También nos dijo que “el Bati” era un tipo muy sencillo y querido en la ciudad y que se relacionaba poco con la gente que no conocía, un tanto para mantener distancia con la prensa y lograr pasar su vida con tranquilidad.
            El flaco nos bajo en el camping municipal de Reconquista que, la verdad, daba lastima por estar muy descuidado. Estuvimos un rato ahí descansando, sin saber si quedarnos o no, y mas reticentes a establecernos allí después de que se presentara la policía y nos dijera que tengamos cuidado con un grupito de chicos que estaban pescando al borde del arroyo, que eran ladrones.
            Nos refrescamos en las duchas del lugar, cargamos las mochilas y nos dirigimos al centro de la ciudad a encontrarnos con unas amigas de Ariel: Cintia, de Reconquista y estudiante en Rosario, y Daniela, de Rosario y de paseo en la ciudad.
            Estuvimos con ellas en la plaza principal. Era tarde y el sol se ocultaba, entonces fuimos con las chicas a una plazoleta a comer unas pizzas y tomar unas cervezas en un carribar, cosa que es muy común en la ciudad.
            Pasamos un lindo momento y por la noche nos volvimos al camping y armamos la carpa al lado de otra que había ya instalada.
            En el lugar habían varios grupos escuchando y haciendo música, pero nos fuimos a dormir después de bañarnos mas intranquilos por el calor reinante que por estos. La noche transcurrió tranquila.
            A las 8 de la mañana se levantó viento y comenzó a llover, y nos pusimos a tener los parantes de la carpa por miedo a que se quiebren.
            La lluvia paro alrededor del mediodía. Nos dimos un baño y nos dispusimos a preparar una sopita instantánea, la primer comida “mochilera” del viaje.
            Luego de que lavamos la ropa se presento nuestro vecino de carpa, un artesano correntino residente en Santa Fe, Sergio Perrota. Estaba allí por un festival que se organizaba esa semana en la ciudad. Realizaba mates, llamadores y otros artilugios en caña de bambú.
            Al hombre le gustaba mucho hablar y nos entretuvo contando lo que el mismo llamaba “historias de carpa” durante varias horas.
            La lluvia continuó en forma intermitente durante toda la tarde, al igual que los mates y el monologo del artesano. A eso le siguió una partida de “loba” y mas mate con un grupo de gente que administraba el camping: un correntino encargado de la ambulancia presente en el lugar, un entrerriano apodado Tony, que me recordaba mucho a alguien que conocía, un tipo muy dado a la joda, pero no muy digno de confianza y también una mujer, secretaria del municipio apodada Tucu, que en un principio creí era por ser tucumana pero me aclararon era diminutivo de tucura (una langosta) y se lo adjudicaron “porque no tiene sesos”, según dijeron sus compañeros entre carcajadas.
            Nos divertimos un rato hasta que la lluvia se hizo menos intensa y paro por un rato. En ese momento fuimos a la plaza a encontrarnos con las chicas y de allí a la casa de Cintia, donde nos esperaba su hermana mayor, Silvana, para llevarnos a su casa-quinta en las afueras de Reconquista, camino al puerto.
            El camino estaba embarrado por la lluvia y la conductora era un tanto osada en ocasiones, así que el viaje fue toda una experiencia.
            Llegamos a la quinta y se presento la hijita de Silvina, Valentina, una niña de 3 años hermosa, de cabellos dorados y muy tierno hablar. Me puse a jugar un poco con ella y luego Cintia me comento que la nena le dijo que yo le gustaba. Creo que me puse de todos colores y no sabia que hacer, y a la vergüenza que me causo la situación se sumo las cargadas de la tía, que me gozo toda la noche.
            También se presentaron el hijo de Silvina, Martín, de unos 7 años, que se veía un tanto malhumorado y el hermano de Cintia, José Pablo. Era un tanto extraño escuchar ese nombre en boca de todos como si fuera un nombre compuesto “José-Pablo”, al mejor estilo de una novela colombiana.
            El flaco tenia buena onda y cuando nos pusimos a jugar a las cartas y matear, para variar, se sumó también y les enseñamos a jugar “base”.
            Mas tarde cenamos unas hamburguesas y volvimos a jugar a las cartas, para terminar el partido antes comenzado.
            Volvimos temprano al camping llevados por Silvina que pasaba los semáforos en rojo porque según ella, “después de las 12 no se respetan”.
            Nos acostamos a dormir aprovechando que estaba fresco, aunque yo tenía ganas de salir a dar unas vueltas por la ciudad.
            Miércoles. Tuve que pensar un buen rato en que día estamos. Ya comienza a atacarme esa familiar sensación de haber vivido toda mi vida en el lugar que estoy, haciendo lo que hago. Una sensación que siempre me incomodo extrañamente, pero que al comentar con otras personas, parece ser muy común.
            Recibí unos mensajes de amigos de San Carlos que me preguntaban como andaba todo y me agrado saber que aun se acordaban de mí.
            Otra vez pasamos largo rato hablando con nuestro amigo el artesano, tomamos una sopita instantánea y esperamos un rato haciendo fiaca hasta que se hiciera una hora propicia para salir a dar una vuelta.
            Aprovechamos el momento para sacarnos unas fotos con nuestro compañero de acampada.
            Intenté hacer una siestita pero no me pude dormir, así que salimos para el centro intentando localizar alguna panadería por el camino. Justo en la primera que encontramos estaban las chicas comprando unos bizcochitos. Nos unimos a pasear por los alrededores de la plaza y terminamos quedándonos en ella.
            Cintia nos invito a ver un espectáculo callejero esa noche, donde tocaba una banda de amigos suyos y ella jugaba con las cintas.
            Las chicas se fueron a preparar para el show y nosotros nos acercamos a un carribar en otra plazoleta cercana a la terminal de ómnibus para hacer tiempo tomando una cerveza.
            Fuimos a la placita a ver a la banda que hizo un poco de música reggae, bosanova, y ese estilo, mientras tomábamos porrones y comíamos papas fritas.
            Terminaron de tocar relativamente temprano, nos despedimos definitivamente de las chicas y nos fuimos a acostar enseguida porque al otro dia continuábamos con nuestro viaje camino a Corrientes.
            A la mañana siguiente no pudimos levantarnos muy temprano porque disfrutamos del sueño.
            Caminamos hacia la salida de Avellaneda he hicimos 3 hs dedo hasta que nos levanto un hombre un tanto mayor en auto. Como nos habíamos turnado para hacer dedo y el que no le tocaba se tiraba a descansar en la sombra, el hombre no vio a Ariel que estaba acostado y se sorprendió cuando este subió al auto. Este buen hombre nos llevo hasta Villa Ocampo contándonos el porqué la mayoría de los conductores no se animan a cargar gente en la ruta. Contrario a lo que se supondría en este caso, la mayor causa de esto no es la inseguridad, sino que, según nos contaran también otros conductores, hubo gente que sufrió un accidente llevando a otros y la familia del último luego les hizo juicio, aumentando el trauma de la situación. Lamentable.
            Llegamos a Va. Ocampo, nos bajamos en el acceso, sobre la ruta, y nos refugiamos en la YPF que hay allí, donde comimos un sándwich de milanesa muy completo y barato y luego salimos de nuevo a la ruta a “dedear”.
            Estuvimos un buen rato en una garita de colectivo, en medio del sol, hartos de hacer dedo y nadie paraba.
            Cuando vimos venir un colectivo lo paramos y después de preguntarle el precio del boleto a Corrientes, decidimos tomarlo.


II - CORRIENTES

            Dormimos todo el viaje hasta Resistencia y luego de cruzar el rio Paraná, llegamos a Corrientes capital.
            Bajamos en la terminal y el paisaje nos desalentó un poco: muy pobre y feo, por lo menos en los alrededores de la terminal. Además nadie supo decirnos donde comprar tarjetas para el urbano, ni monedas, ni nada. Tampoco donde encontrar algún camping o un lugar para tirar la carpa. Cuando alguien nos mandaba para un lado el vecino nos mandaba para el otro.
            Intentamos llamar a Marco, amigo sancarlino de la infancia, ahora residente por esos pagos, y tampoco pudimos localizarlo.
            Finalmente caminamos hasta el centro de la ciudad sin saber bien que hacer ni donde ir. En una plaza vimos una combi que cargaba gente con destino Paso de la Patria. Hicimosaveriguaciones y terminamos abordando una.
            Llegamos al poblado costero y caminamos de un lado a otro buscando donde dormir y tampoco nadie supo decirnos. Preguntamos en un  hotel, no tenían lugar, preguntamos ahí mismo si sabían de algún camping, no sabían, fuimos por todos lados preguntando y, como parece ser costumbre en Corrientes, nos mandan de un lado al otro. Preguntamos en Prefectura y nos dijeron que no había camping pero podíamos tirar la carpa en cualquier lado de la costa que no había problemas.
            Finalmente encontramos una oficina de turismo municipal y ahí nos marcaron algunos campings, el mas barato era el del Circulo de Oficiales de la policía de Corrientes, ahí nos instalamos y comimos un sándwich de milanesa preparado en el kiosco de la administración y unas cervezas, nos pegamos un baño con agua fría porque la caliente pelaba el lomo, y nos acostamos a dormir con la idea de hacerlo dos días seguidos.
            Esa misma noche, más tarde, llego una familia bastante numerosa a instalarse al lado de nuestra carpa e hicieron bastante bullicio por un rato.
            A la mañana nos despertaron temprano los mismos ruidosos vecinos. Esperamos a que se vayan, cosa que sucedió después de mediodía, y preparamos lo que llamamos una “sopulenta” ya que era un hibrido entre sopa y polenta a lo que le agregamos pan para espesar un poco. Un manjar!
            Mandamos unos sms a personas que se extrañan y dimos unas vueltas por las playas que a pesar de estar inundadas por la crecida del rio, mostraban bastante arena.    Volvimos un rato al camping a esperar que baje un poco el sol y mas tarde retornamos a la playa para quedarnos un rato, comer chipa y meternos al rio para refrescarnos.
            El cielo se ponía feo, lleno de nubes oscuras y parecía que iba llover.
            Esa tarde llegó una pequeña familia a instalarse en las cercanías de nuestra carpa y estuvimos charlando un rato con el padre, que nos hizo algunas recomendaciones sobre Cataratas.
            Por la noche nos bañamos y salimos para el centro. Nunca llegamos. A mitad de camino decidimos ir para el lado de la costa y nos acomodamos en un carribar frente al anfiteatro que estaba inundado a comer unas hamburguesas y tomar una cerveza.    Volvimos al camping, vimos un rato el Festiva de Jesús Maria, otra birra y a la cama, justo cuando levanto viento y cayeron unas gotas.
            Al dia siguiente temprano levantamos carpa y salimos para la ruta a hacer dedo. Por primera vez nos separamos para probar suerte. Ariel estaba primero y al poco tiempo lo levanto una camioneta que después me alzó a mí también.
            Nos llevaron hasta el cruce con la ruta 12 y bajamos ahí. Estaba Gendarmería haciendo controles en ese lugar, así que nos alejamos un poco y nos volvimos a separar unos metros para hacer dedo. A Ariel lo alzo una familia que lo llevo hasta la entrada a Itatí, unos 45 km. mas adelante. Yo no tuve suerte y a Ariel ya no lo levantaron más. Esperamos 8 hs haciendo dedo y decidimos juntarnos en el acceso a Itatí, por lo que subí a un minibús y me traslade hasta allí. El chofer, un hombre entrado en años, muy amable, no me cobro el pasaje.
            No pasaba nadie y estuvimos esperando varias horas bajo el sol, apenas tapados por un cartel de la estación de servicio del lugar, a que pase algún colectivo que nos lleve a Posadas.



III - POSADAS

            El bus llego entrada la tarde. Viajamos cómodamente hasta Posadas y en la terminal dimos muchas vueltas sin saber bien donde ir. Se hacía de noche y nadie nos daba solución a nuestras preguntas, ni siquiera la oficina de turismo. No sabíamos si salir para Pto Iguazú o quedarnos en Candelaria como me habían recomendado.
            Finalmente le escribimos unos mensajes a Pipoka y nos alojamos en su casa. Fuimos en urbano hasta allí, nos bañamos, tomamos unas caipirinhas con los dos hermanos y salimos al centro a comer pizza y pasear ferneteando por la costanera. Después a dormir temprano.
            En la mañana nos despertaron tipo 9:30 hs. Estábamos bien descansados por dormir en un colchón y salimos con destino a San Ignacio, llevados por los padres de Pipoka, Carlos y Gladis, porque el primero insistió a pesar de nuestra negativa.
            Intentamos quedarnos en el camping municipal del poblado de las ruinas jesuíticas pero estaba inundado y tuvimos que dejar de lado la idea. Entonces, los padres de Pipoka decidieron llevarnos unos kilómetros mas arriba hasta Jardín América, al camping del salto de Tabay.
            El camping era muy lindo, con todos los servicio, despensa, bar y lleno de carpas.             Carlos hizo asado medio bajo la lluvia que empezó a molestar un poco y comimos a lo “isleño” con los pocos cubiertos que teníamos, sin platos, sobre una mesita prestada y de parados. Después de eso los mayores volvieron a Posadas y nos dejaron atiborrados de comida para preparar.
            La tarde la pasamos entre cascadas, birras y torta asada preparada por nosotros.
            Ariel y Pipoka fueron a intentar pescar en el arroyo y yo me quede en la carpa escribiendo algunas líneas en el diario. Mas tarde intente unírmeles pero no los encontré.
            Llegaron un rato después. Pipoka tenía improvisado un cabestrillo en su brazo derecho porque se había resbalado y caído entre las piedras mientras intentaba desenganchar la tanza del reel, que se cortó, haciendo equilibrio sobre una piedra.
            Por la noche hicimos una picada con salamines secos que nos dejaron Carlos y señora y jugamos un poco a las cartas.
            Llegaron unos pibes a hacer un asado en la mesa de al lado y al rato nos pusimos a jugar truco de seis y tomar cerveza con ellos. Se fueron avanzada la noche y nosotros nos quedamos conversando un rato más hasta irnos a dormir.
            A la mañana siguiente Pipoka nos despertó temprano porque le dolía el brazo.             Paseamos un poco por el camping, probamos sopa paraguaya y chipa zoó y después empezamos a juntar los pertrechos, cuando nuevamente se largo a llover. Nos refugiamos en el bar del complejo y el mozo, un misionero con mucha tonada paragua y de aspecto brasilero, ya nos esperaba con un porron destapado, porque esos dias fuimos de sus mejores clientes.
            Cuando parecía que paraba dijimos que terminaríamos el porron y desarmaríamos la carpa y cuando terminábamos la cerveza se largaba de nuevo, por lo que pedíamos otra y volvía a parar de llover, y así sucesivamente.
            Unas cuantas cervezas y una mozzarella mas tarde pudimos desarmar la carpa y salimos para la ruta a esperar el urbano que nos acerque a la ciudad de Jardín.
            Mientras esperábamos salio el dueño del bar con la camioneta y se ofreció a llevarnos. No lo dudamos.
            En el poblado Pipoka tomo el primer colectivo a Posadas y nosotros esperamos un rato uno que nos lleve hasta Garuhapé donde visitaríamos el salto Gruta del Indio.



IV - PUERTO IGUAZU

            Nos dijeron en Garuhapé que para legar al salto había que caminar nos 10 Km. por la ruta y otro tanto por camino de tierra colorada totalmente embarrada. No era muy tentadora la idea. Decidimos quedarnos en un camping que nos señalaron en las afueras de la ciudad y esperar al dia siguiente para ver si secaba un poco o podíamos ingresar de alguna forma.
            Caminando por el costado de la ruta hasta el camping se detiene un vehiculo y el conductor nos pregunta si vamos a Pto Iguazú, a lo que respondemos que si con un tanto de desconfianza. El hombre era veterano de guerra de Malvinas y viajaba a buscar una familia al aeropuerto de Cataratas, así que hicimos todo el viaje casi sin pensarlo, escuchando chamamés y polkas y charlando con el hombre, que parecía conocer la zona de San Carlos y nos hizo una breve reseña de todos los poblados por donde pasamos.
            Entrada la noche llegamos a destino y acampamos en el primer camping que encontramos. Había promoción por tres días y la tomamos. Tiramos la carpa, hicimos pileta y cenamos unos tallarines en el restaurante y después de hacer averiguaciones sobre Cataratas, nos acostamos a dormir.
            Nos levantamos temprano por la mañana, tomamos el primer urbano sobre la ruta y fuimos al Parque. Allí hicimos cola por no comprar el boucher en el camping y entramos tarde para abordar el primer trencito del recorrido, así que lo hicimos todo a pie, no era muy largo. Recorrimos todo Cataratas con Garganta del Diablo, el Circuito Superior y el Inferior de vista a otros saltos que nos causaron mayor impresión que el mayor y el Sendero Macuco, un caminito de 3,5 Km. en medio de mucha vegetación y que desembocaba en un salto de poco agua pero bastante altura.
            Volvimos al camping a eso de las 16 hs a tiempo para que comience a llover. Hicimos un poco de pileta bajo la lluvia y comimos unos sándwich protegidos por una sombrilla. Lavamos ropa y nos fuimos a la carpa mientras aun llovía. Dormimos toda la tarde y la mañana siguiente ya que no paro de llover y a pesar que había algunas goteras dentro de la carpa.
            Ni bien asomo el sol nos trasladamos al quincho del complejo, después de mucho renegar con la leña que estaba húmeda logramos prender fuego y preparar el mate mientras secábamos algo de ropa con el calor del parrillero.
            Pasado el mediodía preparamos un guiso con lo que nos dejaron los padres de Pipoka, un cafecito y a la pileta luego de colgar la ropa afuera porque ya no llovía más.     Decidimos ir para el centro de Pto Iguazú y esperamos el cole un buen rato frente al complejo pero los que pasaban no paraban porque venían de Cataratas llenos de gente. Terminamos compartiendo taxi con una colombiana y un estadounidense que también estaban esperando.
            En la ciudad fuimos hasta el Hito de Triple Frontera, vimos la espectacular vista del rio y los hitos de los dos países vecinos y recorrimos los stands de recuerdos.
            Volviendo a esperar el cole que nos devuelva al camping decidimos hacer unas pizzas caseras. Compramos lo necesario en un mercadito y al volver Ariel se puso a amasar bajo el quincho del complejo mientras esperábamos que se haga la hora de ver el clásico River-Boca, que veríamos en el estar del restaurante.
            El quincho comenzó a llenarse de gente que ocuparon todas las parrillas. Una señora mayor jubilada como jueza de la Nación, que según decía, ganaba $ 40.000 al mes y había viajado por todo el mundo, y que no paraba de hablar a un grupo u otro, o al cualquiera que la escuchara. Había un par de muchachos de Bahía Blanca, seguridad de un boliche de allá y uno de ellos Casco Azul del Ejercito que había estado recientemente en Haití. También una parejita de Capital Federal que estaban de mochileros, un sanjuanino que intentaba cocinar su primer pescado y una familia del interior del monte chaqueño, rubios, para variar.
            Pronto todos interactuamos con todos entre bromas y charla, por lo que nos olvidamos del fútbol y terminamos de preparar y cocinar las pizzas entre cervezas, y ayudamos a cocinar el pescado al sanjuanino que muy amable y agradecido nos dejo una porción para probar. Esa se la pasamos a la familia de Chaco que muy agradecida nos cedió un poco de vino.
            Comimos una pizza y nos quedaba una y media mas pero ya no teníamos lugar en el estomago porque en Iguazú habíamos picado algo, entonces repartimos lo que quedaba entre todos los mencionados que se chuparon los dedos por un buen rato.
            Los vagos de Bahía nos convidaron fernet y nos acercamos a seguir charlando con ellos. Se sumaron al grupo dos parejas de La Rioja, en realidad cuatro amigos, dos mujeres y dos varones, uno de los vagos era el Campeón Mundial de Full Contact, Iván “El Terrible” Álvarez y una de las chicas era su pupila, Natalia Gonzáles.
            Iván nos invito a la fiesta de la Chaya y se ofreció a alojarnos en su casa y llevarnos a la fiesta en los barrios que es más pintorescas que la “turística”,según dijeron.
            Mas tarde nos pusimos de acuerdo con algunos de los vagos y fuimos al hostel de al lado de nuestro camping y nos colamos en la joda que había ahí. Pasaban música al aire libre y había barra con fernet, caipirinha y cerveza. La pasamos muy bien en muy buena compañía, tomando y boludeando un montón. Toda la noche se escucho el “where are you from?” ya que la mayoría de los que estaban en la fiesta eran extranjeros.
            Algo muy gracioso fue cuando un loco disfrazado de hippie nos inquirió “where are you from?”, “i´m from Santa Fe, Argentina” contestamos y el vago nos dice “boludo yo soy de Buenos Aires!!!” y sonaron las carcajadas. Lo mismo nos paso con una cordobesa que estaba muy enfiestada y se franeleó a todo el que tenia a mano.
            Nos quedamos hasta el último momento y volvimos al camping bastante alegres, algunos ya ni podían decir su nombre, donde nos fuimos un rato a charlar y terminar una cerveza que me lleve del hostel al quincho, y después a dormir.
            Al dia siguiente me levante temprano y puse la pava al fuego. Ariel se levanto más tarde, juntamos la carpa y nuestras cosas y nos quedamos hasta el mediodía esperando que se sumen al fogón los demás pero no apareció nadie mas que el Casco Azul, enojado porque el amigo borracho le había pegado una trompada y esta mañana ni se acordaba del suceso.
            Aunque nos hubiese gustado quedarnos ahí, andábamos justo con el dinero y no podíamos, eso sin tener en cuenta lo que descubrimos mas tarde.
            Preguntamos en administración donde tomar cole a Posadas. En frente. Esperamos un buen rato e intentamos hacer dedo pero nadie paraba. Subimos al bus con destino a Wanda y nos encontramos con dos rosarinos, padre e hijo, que también paraban en el camping y estaban de mochileros.



V - WANDA

            Bajamos en el acceso a las minas, me cambie las hojotas por las zapatillas y le dejamos las mochilas al guardia de la entrada después de negociar el costo en $5.             Caminamos los2,5 Km. que nos separan de las grutas por un caminito de tierra colorada que sube y baja, lleno de chicos que nos ofrecían piedras a granel y arbolitos de la fortuna muy baratos, después nos enteramos que las piedras eran restos que no tenían valor comercial.
            Al llegar a las minas tuvimos que esperar que se arme un grupo para el recorrido. Lo hicimos con los rosarinos y una familia mendocina.
            La parte mas interesante del recorrido fue la sección de ventas donde había unos trabajos en piedra realmente impactantes, tanto por el tallado y engarzado como por el precio.
            Yo tenía las piernas destruidas así que descansamos un rato en el acceso y salimos de nuevo a la ruta.
            El gordo que nos cuido las mochilas no tenia cambio para cobrarnos así que con su peor carita nos dijo que no nos cobraba.
            Esperamos allí el cole con intenciones de ir a Garuhapé y visitar la Gruta que pasamos de largo a la ida.
            En el bus decidimos pasar de largo y seguir hasta Posadas porque se hacia muy tarde para caminar los 10 Km. y seguramente nadie nos llevaría. Igualmente bajamos en Garuhapé para buscar en la mochila los últimos $300 que nos quedaban y grande fue nuestra sorpresa al encontrarnos solo con $100!
            Intentamos no desesperar, tomamos cole a Posadas y en el viaje pensamos en todas las posibilidades para conseguir el dinero necesario para volver a casa. Optamos por la alternativa de pedirle prestado a Pajarito.
            Esa noche conocimos a la abuela de Pipoka y cenamos con toda la familia, Ivana incluida, obvio.
            Al dia siguiente papa Carlos llevo a la abuela, a Ivana, la mama y nuestras mochilas a Apóstoles.
            Nosotros nos quedamos para ir en colectivo y conocimos el departamento de Pajarito que se mudaba a vivir solo esa semana. Allí tomamos unas cerveza, sacamos fotos y escuchamos música del órgano.



VI - APOSTOLES

            Viajamos por la tarde a Apóstoles y nos refugiamos en casa de la abuela de los chicos.
            Por la noche salimos al centro después de tomar unos porrones en lo de la abuela junto a un amigo de la infancia de Pipoka, el Chino, dimos unas vueltas y terminamos en un boliche, Pagana.
            Estuvimos hasta que asomó el sol y a la salida comimos unas chipas y un superpancho y tuvimos que arrastrar a Pipoka hasta la casa porque se encontró con amigos y quería seguir de parranda. Nosotros estábamos muertos de cansados.
            Dormimos tranquilos en una cama otra vez y nos llamaron a almorzar acompañados de la prima Mayra y su hermanito.
            A la tarde hicimos pileta en un hostel de la ciudad con los chicos y unos amigos de ellos.
            A la noche comimos asado, chinchulines y cordero cocinado por el tío de los chicos, Luís, y acompañados de toda su familia. Jugamos al truco un rato y después fuimos a la casa de los padrinos de Pipoka y jugamos a la Play con el hijo, Matías, entre un cajón de porrones.
            Estuvimos hasta que salio el sol y volvimos caminando y sacándonos fotos en un monumento al mate en un boulevard. Volvimos a dormir y a la mañana siguiente almorzamos con la familia del tío Luís y la abuela.
            La tarde la pasamos durmiendo, mateando y jugando “base” con las cartas.
            Por la noche los chicos fueron a comprar unas cervezas y yo di unas vueltas por el centro con Ivana y su amiga Flori.
            Cenamos una pizza que cocino Ariel y picamos algo de asado frío mientras miramos el clásico y después un poco del Festival de Cosquín y a dormir, disfrutando la ultima noche en una cama decente.
            A la mañana siguiente Pipoka nos llamo a eso de las 9 hs, mateamos un rato y lo acompañamos a la Terminal porque se volvía con Ivana a Posadas. Dimos unas vueltas por la ciudad, compramos el pasaje de tren y partimos hacia la estación.



VII - ESTACION APOSTOLES

            Ya en estación Apóstoles y después del mediodía, fuimos al arroyo que divide las provincias de Misiones y Corrientes he intentamos encontrar el camping que nos señalaron. Resulto que no era más que una arboleda de espinillos al borde del curso de agua, sin ningún tipo de sanitario si quiera. Nos quedamos un rato ahí refrescándonos en las turbias aguas del Ganges, según un chiste de Ariel.
            Encontramos allí a un par de hermanos de San Javier que recorrían esa zona de Misiones vendiendo maní tostado. Unos flacos con buena onda que nos dieron un montón de recomendaciones y media caja de cigarrillos a Ariel.
            Volvimos a la estación a establecer nuestro campamento ahí y se presentaron dos niños habitantes del lugar que se quedaron charlando con nosotros y se fueron cuando nos pusimos a cocinar un arroz en un fogoncito improvisado con piedras y fierritos cruzados que quedo muy paqueto a nuestro entender.
            Más tarde nos refrescamos con agua de la bomba de la estación y esperamos que llegue la gente que aparentemente vivía allí para pedirles permiso para acampar, pero nadie apareció (después nos enteramos que no vivía nadie). Armamos la carpa y nos acostamos. Casi no podía dormir.
            Tanto tiempo sin ocupar la mente hace que esta empiece a desvariar. Pensaba en alguna persona que extrañaba mucho, en mi gente de San Carlos, el viaje, los lugares y personas que había conocido, el esperar que la experiencia obre algún tipo de milagro en mi, cosa que aun no sucedía, etc,etc. Escribí unos sms a Carolina y al fin logre dormirme, aunque despertaba a cada rato por el alboroto que hacia un grupo de chicos en algún lugar cercano. También volvió el carguero que por la tarde vimos pasar para Posadas.
            Por la mañana volvió a salir la cuadrilla de reparación de vías en su “mini-trencito” y la estación se lleno de gente que iba y venia haciendo el mayor ruido posible, perturbando nuestro sueño, que pretendíamos alargar al máximo para acortar la espera.            Cerca del mediodía nos levantamos y Ariel puso la pava para matear.
            Intentamos hacer una siestita pero ninguno lo logro. Mi cabeza estaba por todos lados, sobre todo en San Carlos y el intento de solución de los problemas que allí quedaron esperando mi regreso.
            Volvió el mini-tren.
            La tarde la pasamos toda en la estación, como pasaríamos todos los días hasta subir al tren. Yo dibuje un tablero de damas con carbón en el piso y busque piedritas claras y oscuras para las fichas, mientras Ariel se puso a tallar en madera, una rama seca que encontró tirada, las figuras del ajedrez, cosa que le llevo toda la tarde y solo completo 10 piezas. Yo hubiese abandonado a la tercera.
            Cayo nuestro pequeño nuevo amigo Andrés, alias Topo, y se quedo con nosotros toda la tarde. Con él me metí en los galpones del ferrocarril, tiramos piedritas a las palomas, cuchillos a los portones de madera, y sacamos fotos. Hicimos de todo para no aburrirnos.
            Al atardecer Andresito se fue y prendimos fuego, mateamos e hicimos polenta, esta vez nos salio muy espesa.
            Luego volvieron a caer los grupos de chicos a tomar tereré y escuchar música en la explanada de la estación, y nosotros esperamos en vano a que se vayan para bañarnos “como la gente”, o sea, con la manguera de la bomba de la estación.
            Esa noche charlamos seriamente con Ariel sobre el curso de nuestras vidas.
            Finalmente nos ganó el cansancio y nos acostamos con la idea de levantarnos temprano a la madrugada y cumplir el objetivo de la ducha. Con mucho esfuerzo logre conciliar el sueño. No me molestaba tanto el bullicio de la pibada como el estar sucio.
            A eso de las 2:30 hs de la madrugada nos despertó un carguero que venia de Posadas. Vimos que no había nadie a las vueltas y aprovechamos a bañarnos al aire libre, cagados de frió y como Dios nos trajo al mundo. Ahora si dormimos bien.
            Desperté tipo 12:30. Ni escuche salir el mini-tren. Ariel se levanto, hizo fuego y preparo el mate. De no hacer calor dentro de la carpa me hubiese quedado un rato más. Mateamos y llegaron los hermanitos Andresito y su hermano Facundo, alias Diablo, apodo que se tenia bien ganado. Se fueron a comer y nosotros preparamos una sencilla pero exquisita sopa con fideítos.
            El cielo comenzó a nublarse y se escucharon truenos en la lejanía, hasta que las nubes taparon el sol, el viento refresco y los truenos sonaron sobre nuestras cabezas.
            Nuestros amiguitos volvieron y al poco tiempo de estar se pusieron pesaditos y tuvimos que despacharlos sutilmente.
            Volvió el mini-tren y me gano a sacarle una foto así que hice una pequeña filmación.
            Ariel leía el libro que yo me lleve, “Capitán de Mar y Guerra” y yo escribía en el diario de viaje.
            Volvieron los hermanitos peleando, como hermanos, y alternando sus cabecitas entre lo que yo escribía y lo que leía Ariel.
            Y no se decidía a llover!
            Finalmente terminamos dormitando gran parte de la tarde. Cuando desperté Ariel juntaba maderitas para poner a resguardo del clima porque “ahora si va llover” dijo. Nunca llovió, no decentemente por lo menos.
            Salí a dar unas vueltas por el poblado justo cuando caían una gotitas. Otra vez olvide llevar la cámara para fotografiar una hermosa capilla, las callecitas empedradas que suben y bajan, las casitas viejas y carcomidas pero pintorescas.
            Los hermanitos se ausentaron extrañamente por un largo periodo.
            Volvieron a aparecer cuando se iba a presentar el “Gran Capitán” con rumbo a Posadas, al igual que mucha gente del pueblo.
            Llego el tren y paro a bajar gente. Debo decir que se veía más destruido de lo que esperaba.
            Unos muchachos se asomaron por las puertas de uno de los coches y Ariel les pidió cigarro. Los vagos dijeron que venían de Corrientes y no habían tenido ningún inconveniente durante el viaje.
            Sonaron dos pitadas y el coloso continuó marcha.
            Aun nos quedaban más de 6 hs de espera.
            Prendimos fuego cuando la estación se desocupo e hicimos mates.
            Al oscurecer volvieron a aparecer los chicos al grito de “un mochilero, un mochilero!”. Les dijimos que lo acerquen al fogón y nos dimos cuenta que era “una mochilera”. Sorpresa mía cuando le pregunte de donde era y me dijo que de La Plata. Será posible tanta coincidencia?
            Para seguir escrutando y sacarme la duda le pregunte si le gusto el Moconá, y contesto que no lo pudo ver por la gran cantidad de agua, sin caer en la cuenta de cómo yo sabía que fue a ese lugar. Le vuelvo a decir “ si, yo me olvide decirte que nos comentaron eso”. Con esas palabras Pilar quedo sorprendida e inmediatamente cayo en la cuenta que era el chico que conocía del foro de Autostop y con el que se había estado mensajeando durante el viaje. Seguimos charlando y la invitamos junto a los hermanitos apostoleños a compartir una sopa con nosotros.
            La noche transcurrió mas tranquila de lo habitual.
            Empezó a llegar más gente a esperar el tren.
            Nosotros nos acostábamos, íbamos, veníamos, charlábamos, cualquier cosa para matar el tiempo de espera. Se acerco un muchacho del pueblo a hablar. Los hermanitos se fueron pero al rato volvió Andresito a pedirnos mas café porque nos pedía todo lo que le gustaba y yo le había dado al hermano para que se lleve y comparta todo el café que nos quedaba, unos cubitos para caldo y un paquete entero de arroz, cosas que ya no necesitaríamos, y el Diablo no le dio nada.
            Se hizo la hora de llegada del tren y no apareció, cosa que no era inusual. Llego 20 min. más tarde, cosa que si es inusual, porque este tren suele descarrilar y llegar casi siempre con varias horas de retraso.
            Subimos, buscamos nuestros asientos en la oscuridad y dormimos un rato.
            Por la mañana nos la pasamos dormitando y mirando el paisaje.
            Pilar iba y venia por el tren buscando alguien que le preste un termo pero nosotros nos mantuvimos estáticos en nuestras butacas.
            En Paso de los Libres el tren paro a cargar agua y la tarea le llevo casi una hora. Lo que nos dio tiempo para bajar e instalarnos bajo una sombrita a masticar y tomar algo, junto a un vago de Rosario y otro de Oberá, viajeros también.
            Volvimos a subir al tren que se puso en marcha de nuevo. Los chicos fumaron “algo” y nos convidaron a nosotros. No acepté solo porque no se fumar, me quede con ganas de probar, también me quede con ganas de “cucumelo”, solo por curiosidad.
            Nos mantuvimos un rato tomando aire, bromeando y saludando gente en las puertas del coche hasta que descubrimos que en el vagón comedor hay aire acondicionado y nos fuimos ahí. Nos metimos los cinco a tomar dos Cocas chicas, después nos acostamos un rato más a hacer una siesta.
            Así la pasamos las 16 hs que duro el viaje. Yendo de un lado al otro, durmiendo, tomando aire en las puertas del vagón.
            Dejamos la provincia de corrientes y nos parecía que muy pronto llegaríamos a destino, pero quizá la ansiedad nos traiciono porque la estación de Concordia no llegaba más.
            Por fin llegamos y nos despedimos rápidamente de Pilar que nos saludaba desde la puerta del coche.
            Casi corriendo fuimos a la estación terminal de ómnibus. Antes pasamos por un súper y compramos fiambre y pan porque nos moríamos de hambre. Sacamos pasaje a Santa Fe pero tuvimos que esperar 2 hs, larguísimas horas, la salida del cole. Finalmente llegó, abordamos y nos dormimos inmediatamente. El chofer nos despertó en la terminal de Santa Fe y bajamos en una madrugada terriblemente calurosa y húmeda. Sacamos boleto a San Carlos y otra vez esperar un par de horas. Estábamos cansados y ya no soportábamos mas esperas. Llego el cole, abordamos y dormimos hasta San Carlos.
            Bajamos en un lugar extraño y familiar a la vez.
            Estábamos en casa. Estábamos en casa?
           
Fin de esta aventura.

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